Todosmisdefectos

El escalón

A Jorge le cogió la lluvia de improviso, pero no le importó lo más mínimo. Venía de entrenar y hacía calor, así que se dejó mojar. Siempre que llovía en este pueblo la gente desaparecía como si fuese el fin del mundo, algo que él nunca llegó a entender. Imaginó que estaba solo en el mundo y le encantó la idea, podría hacer lo que le diera la gana, entraría en esa nueva tienda de ordenadores y los probaría todos, también las consolas, los vídeojuegos… Y algo le extrañó, no estaba solo en el mundo, había una chica sentada en un escalón. “Mierda” pensó. Y se rió de él mismo.

Cuando estaba más cerca le pareció conocerla. “Joder, es Amaya”. Qué guapa estaba incluso mojada por la lluvia. “Dile hola, dile hola”.

_Hola, Amaya ¿no?-dijo en un tono delicado, pues notaba que algo le ocurría.

Amaya volvió de donde quiera que estuviera y levantó la cabeza, pero no dijo nada, solo se dejó llevar por esos ojos infinitos que causaban una fuerza extraña sobre ella.

Jorge, al ver que no decía nada, pensó que no se acordaba de él. “Qué iluso, normal que no se acuerde”

_Soy Jorge, el torpe que te pisó bailando en la fiesta de fin de curso.-Y esbozó una sonrisa que hizo que Amaya olvidara que estaba lloviendo.

Volvió en sí.

_Sí, sí, Jorge…hola

Y un rayo la llevó de nuevo a sus pensamientos.

Jorge se sentó a su lado, en ese escalón donde Amaya se resguardaba de la lluvia. Una especie de río se había formado delante de ellos y arrastraba hojas y tierra por el camino empedrado. Se perdió un poco en esa imagen e imaginó mares, olas y barcos. Después se volvió para mirar a la chica, pero no parecía que ella mirara a nada en concreto. La observó un buen rato y pudo notar cómo tras cada rayo, tras cada sonido, el rostro de ella se iba endureciendo.

_Amaya –dijo en un susurro- es solo lluvia.

Y ella lo miró extrañada. Y sin saber si había llegado a entender sus palabras, le pareció lo más reconfortable que había escuchado jamás.

Echó la cabeza en su hombro, y él se incorporó un poco para abrazarla. Y desde ese día ambos supieron que estarían conectados para siempre.

Esa noche Amaya soñó que tenía 5 años y que volvía a ver a su padre.


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